Michael Jordan, ampliamente considerado el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos, convirtió su legado en propiedad cuando adquirió la participación mayoritaria de los Charlotte Hornets (anteriormente Bobcats) en 2010. Aunque su mandato como propietario de la NBA se extendió por más de una década, su tiempo con los Hornets tuvo resultados mixtos. Su impacto no fue insignificante, pero la trayectoria del equipo bajo su liderazgo a menudo fue criticada. Este artículo explora los logros y fracasos de Jordan como propietario y las decisiones que definieron el rumbo de los Hornets hasta febrero de 2025.
Cuando Michael Jordan se convirtió en propietario mayoritario en 2010, su objetivo era aportar credibilidad y éxito competitivo a una franquicia que llevaba años luchando. Los Hornets, todavía llamados Bobcats en ese entonces, venían de una temporada perdedora, y la prioridad de Jordan era reconstruir la marca y la plantilla. También ayudó a orquestar el regreso al nombre “Hornets” en 2014, reconectando con la historia de la NBA en Charlotte.
A pesar del cambio de nombre y un renovado sentido de identidad, el rendimiento del equipo fue irregular. La falta de experiencia de Jordan en la gestión deportiva fue evidente en los primeros años, con varias selecciones cuestionables en el draft y contrataciones discutibles. El equipo a menudo quedaba atrapado en el limbo de la NBA: ni lo suficientemente malo para elegir alto en el draft, ni lo suficientemente bueno para competir en playoffs.
Financieramente, Jordan fue conservador. Los Hornets rara vez superaron el impuesto de lujo, lo que limitó su capacidad para atraer talento de élite en un mercado pequeño como Charlotte. Esta estrategia, aunque sensata económicamente, tuvo consecuencias competitivas.
Uno de los aspectos más criticados de la gestión de Jordan fue el desempeño del equipo en el draft de la NBA. Entre 2011 y 2017, Charlotte falló en varias selecciones de primera ronda, incluyendo nombres como Michael Kidd-Gilchrist (n.º 2 en 2012) y Frank Kaminsky (n.º 9 en 2015). Estas decisiones frenaron el progreso de la franquicia y decepcionaron a los aficionados.
No obstante, hubo aciertos, como la elección de Kemba Walker en 2011. Walker se convirtió en el líder de la franquicia y en un ídolo local. La lealtad de Jordan hacia él fue notable, aunque podría haber llevado a una mala decisión cuando lo dejaron ir en 2019 sin recibir un jugador de igual calibre a cambio.
En años posteriores, las selecciones mejoraron, especialmente con LaMelo Ball en 2020, quien rápidamente se consolidó como estrella emergente. El enfoque pasó a centrarse en el desarrollo de jóvenes talentos, aunque las lesiones y la inconsistencia persistieron.
Aunque los resultados en la cancha fueron irregulares, Jordan convirtió a los Hornets en una franquicia más sólida desde el punto de vista empresarial. Bajo su propiedad, el valor de la franquicia creció significativamente: de unos 275 millones de dólares al momento de la compra a una valoración estimada de 3 mil millones en 2023, cuando vendió su participación mayoritaria.
Jordan aprovechó su marca global para atraer patrocinadores, aumentar las ventas de merchandising y elevar el perfil del equipo más allá de Charlotte. La estética del equipo, incluidos los uniformes retro y la participación comunitaria, mejoró notablemente bajo su dirección, consolidando una identidad más fuerte en la NBA.
El Spectrum Center también se volvió una sede más activa, albergando el All-Star Weekend en 2019, evento en parte atribuido a la influencia de Jordan. Estas actividades aumentaron la visibilidad de la ciudad y posicionaron a los Hornets como un caso de éxito comercial, a pesar de los desafíos deportivos.
En junio de 2023, Jordan vendió su participación mayoritaria a un grupo liderado por Gabe Plotkin y Rick Schnall, concluyendo su etapa como el único propietario afroamericano en la NBA. Retuvo una participación minoritaria, demostrando un interés continuo en el futuro del equipo, aunque ya no como líder principal.
La venta coincidió con una creciente presión por los bajos resultados deportivos y dudas sobre su estilo de liderazgo. Analistas señalaron su tendencia a rodearse de exjugadores y asesores cercanos, lo que limitaba la diversidad de ideas en la toma de decisiones estratégicas.
Al alejarse del control total, Jordan abrió la puerta a un cambio en la cultura organizativa de los Hornets. Plotkin y Schnall comenzaron a incorporar talento externo y a modernizar la estructura analítica del equipo, que estaba rezagada frente a otras franquicias.
Evaluar el paso de Jordan como propietario requiere equilibrar los logros comerciales con los deportivos. Financieramente, su gestión fue un éxito, ya que multiplicó el valor de la franquicia y aumentó su prestigio. Pero en la cancha, los Hornets rara vez fueron competitivos en su era.
Su legado será probablemente divisivo. Su nombre atrajo atención mediática y fans, pero muchas de sus decisiones —especialmente en los primeros años— obstaculizaron el progreso. La ausencia de campañas de playoffs significativas sigue siendo un punto en contra en su historial.
Aun así, su compromiso con Charlotte, el rebranding y sus inversiones comunitarias dejaron una huella positiva. Los Hornets están ahora sobre bases más sólidas, con una nueva dirección centrada en la construcción sostenible a largo plazo.
Con el nuevo liderazgo, los Hornets priorizan el análisis de datos, el desarrollo de talento y una visión a largo plazo. La estructura ejecutiva y de scouting ya está siendo reestructurada para corregir errores pasados en el draft y gestión de plantilla.
LaMelo Ball sigue siendo la pieza clave para el futuro. El equipo busca construir a su alrededor con contrataciones más inteligentes y un plantel equilibrado. También se están realizando inversiones en tecnología médica y de rendimiento para prevenir lesiones.
La salida de Jordan como propietario mayoritario marca el cierre de un capítulo complejo en la historia de los Hornets. Una transición con esperanza renovada y reflexiones sobre un legado que, aunque imperfecto, sentó bases sólidas para lo que viene.